24 Junio San Juan Bautista
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24 Junio
San Juan Bautista
Su patria chica es Ain Karim.
La madre, Isabel, había escuchado no hace mucho la encantadora oración que salió espontáneamente de la boca de su prima María y que traía resonancias, como un eco lejano, del antiguo Israel.
Zacarías, el padre de la criatura, permanece mudo, aunque por señas quiere hacerse entender.
Las concisas palabras del Evangelio, encubren la realidad que está más llena de colorido en la pequeña aldea de Zacarías e Isabel; con lógica humana y social comunes se tienen los acontecimientos de una familia como propios de todas; en la pequeña población las penas y las alegrías son de todos, los miedos y los triunfos se comparten por igual, tanto como los temores.
Primero, los vecinos que no se apartaron ni un minuto del portal; luego llegan otros y otros más. Por un rato, el tin-tin del herrero ha dejado de sonar. En la fuente, Betsabé rompió un cántaro, cuando resbaló emocionada por lo que contaban las comadres. Parece que hasta los perros ladran con más fuerza y los asnos rebuznan con más gracia. Todo es alegría en la pequeña aldea.
Llegó el día octavo para la circuncisión y se le debe poner el nombre por el que se le nombrará para toda la vida. Un imparcial observador descubre desde fuera que ha habido discusiones entre los parientes que han llegado desde otros pueblos para la ceremonia; tuvieron un forcejeo por la cuestión del nombre -el clan manda mucho- y parece que prevalece la elección del nombre de Zacarías que es el que lleva el padre.
Pero el anciano Zacarías está inquieto y se diría que parece protestar. Cuando llega el momento decisivo, lo escribe con el punzón en una tablilla y decide que se llame Juan. No se sabe muy bien lo que ha pasado, pero lo cierto es que todo cambió. Ahora Zacarías habla, ha recuperado la facultad de expresarse del modo más natural y anda por ahí bendiciendo al Dios de Israel, a boca llena, porque se ha dignado visitar y redimir a su pueblo.
Ya no se habla más del niño hasta que llega la próxima manifestación del Reino en la que interviene. Unos dicen que tuvo que ser escondido en el desierto para librarlo de una matanza que Herodes provocó entre los bebés para salvar su reino; otros dijeron que en Qunram se hizo asceta con los esenios.
El oscuro espacio intermedio no dice nada seguro hasta que «en el desierto vino la palabra de Dios sobre Juan». Se sabe que, a partir de ahora, comienza a predicar en el Jordán, ejemplarizando y gritando: ¡conversión! Bautiza a quienes le hacen caso y quieren cambiar.
Todos dicen que su energía y fuerza es más que la de un profeta; hasta el mismísimo Herodes a quien no le importa demasiado Dios se ha dejado impresionar.
Y eso que él no es la Luz, sino sólo su testigo.
Oremos
Himno
“ ¿ Qué será este niño? “, decía la gente
al ver a su padre mudo de estupor.
“ ¿ Sí será un profeta?, ¿ si será un vidente? “
¡ De madre estéril nace el Precursor!
Antes de nacer, sintió su llegada,
Al fuego del niño lo cantó Isabel,
Y llamó a la Virgen: “ Bienaventurada”,
Porque ella era el arca donde estaba él.
El ya tan antiguo y nuevo Testamento
En él se soldaron como en piedra imán;
Muchos se alegraron de su nacimiento:
Fue ese mensajero que se llamó Juan.
Lo envió el Altísimo para abrir las vías
Del que trae al mundo toda redención:
Como el gran profeta, como el mismo Elías,
A la faz del Hijo de su corazón.
Él no era la luz: vino a ser testigo
De la que ya habita claridad sin fin;
Él no era el Señor: vino a ser su amigo,
Su siervo, su apóstol y su paladín.
Cántale los siglos, como Zacarías:
“ Y tú serás, niño, quien marche ante él;
eres el heraldo que anuncia al Mesías,
eres la esperanza del nuevo Israel. “
El mundo se llena de gran regocijo,
Juan es el preludio de la salvación;
Alabanza al Padre que nos dio tal Hijo,
La gloria al Espíritu que fraguó la acción. Amén
Dios todopoderoso, que suscitaste a san Juan Bautista, para que le preparara a Cristo un pueblo bien dispuesto, concede a tu pueblo el don de la alegría espiritual y guíanos por el camino de la salvación y de la paz. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Nota:
Cuando se leen en las Iglesias las sagradas Escrituras, Dios mismo habla a su pueblo, y Cristo, presente en su palabra, anuncia el Evangelio.
Por eso las lecturas de la palabra de Dios, que proporcionan a la Liturgia un elemento de la mayor importancia, deben ser escuchadas por todos con veneración. Y aunque la palabra divina, en las
lecturas de la Sagrada Escritura, va dirigida a todos los hombres de todos los tiempos y está al alcance de su entendimiento, sin embargo,
una mayor inteligencia y eficacia se ven favorecidas con una explicación viva, es decir, con la homilía, como parte que es de la acción litúrgica (OGMR 29).


