Martes de la V semana de Pascua
Calidad de apóstoles

Evangelio: Jn 14, 27-31

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -"La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: ´Me voy y vuelvo a vuestro lado´. Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, sigáis creyendo. Ya no hablaré mucho con vosotros, pues se acerca el Príncipe del mundo; no es que él tenga poder sobre mí, pero es necesario que el mundo comprenda que yo amo al Padre, y que lo que el Padre me manda yo lo hago".

Meditación:

Cuánto hemos de aprender del apóstol de los gentiles. San Pablo no se dio por vencido en ninguna de sus hazañas apostólicas, y cuando más mortificaciones había que padecer, más fuerza y coraje ponía de su parte. El texto de esta primera lectura es de gran actualidad. Cómo deseamos que en medio de este mundo relativista y sin Dios, infectado por el nuevo paganismo, volviera a surgir un san Pablo, o incluso un nuevo Cristo, para enseñar la verdad a los dirigentes de grandes fuerzas que atacan a la Iglesia en nombre de la libertad de la igualdad y del progreso. Quizás pensamos así, porque creemos que ese coraje y ese arrastre son tan sólo para unos pocos.

Puede que no estemos tan equivocados, pues son realmente pocos los que comprenden que la transformación de los pueblos depende de ellos; no importa cuántos sean, sino más bien el grado de convencimiento y unión con Dios, y la fuerza de su corazón. El P. Marcial Maciel, L.C., lo dice en alguna de sus cartas a sus hijos espirituales: no es la cantidad sino la calidad de esos pocos (apóstoles), la que transformará este mundo sin Dios en una nueva realidad regida por las exigencias de la justicia y la caridad cristianas.

Quienes están convencidos de esta verdad viven unidos a Dios en la oración diaria, y casi diría continua. La diferencia entre las personas que de verdad hacen oración y las que no la hacen salta a la vista: las primeras gozan de los dones del Señor. La obra más grande de Dios en el alma de las personas es regalarles el don de su paz. Es como vivir, ya desde ahora, el cielo en la tierra. Tener a Dios, saber que uno está en perfecta unión con Dios es indescriptible, y sólo quien realmente se esfuerza por hacer la experiencia, goza de ese éxtasis irrepetible.

Oración:

Señor, ahora que estoy hablando contigo en un clima de completa intimidad; un clima donde tanto Tú como yo nos entendemos, dame tu fuerza y tu gracia para ser un poco más como ese apóstol que fue san Pablo. Que pueda transmitir esa misma paz que Tú me das cuando estoy en oración contigo.

Propósito:

Señor, hoy me propongo invitar a una persona a venir a misa conmigo, para que goce también ella del don de tu paz.