06 de Mayo 364. El examen particular
PASCUA
Sábado de la Tercera Semana
I. Muchos discípulos abandonaron al Señor cuando les habló de la Sagrada Eucaristía. Los Doce permanecen, son fieles a su Maestro y Señor. Tampoco
comprendieron mucho, pero permanecieron junto al Señor. ¿Porqué se quedaron? ¿Porqué fueron leales en momentos de deslealtades? Porque les unía a Jesús una
honda amistad, porque le trataban diariamente y habían comprendido que Él tenía palabras de vida eterna, porque le amaban profundamente. Mientras estemos en este mundo, la vida del cristiano es una lucha constante entre amar a Cristo y
el dejarse de llevar por la tibieza, las pasiones o un aburguesamiento que mata el amor. La fidelidad a Cristo se fragua cada día en la lucha contra todo lo
que nos aparta de Él, en el esfuerzo por progresar en las virtudes. El examen particular nos ayuda a luchar con eficacia contra los defectos y obstáculos que nos separan de Cristo y de nuestros hermanos los hombres, nos facilita el modo de adquirir virtudes y limar asperezas, y nos concreta las propias metas de la vida interior.
II. Mediante el examen general llegamos a conocer las razones últimas de nuestro comportamiento; con el examen particular buscamos los remedios
eficaces para combatir determinados defectos o para crecer en las virtudes. Es muy importante que nos conozcamos y nos demos a conocer en la dirección
espiritual, que es donde habitualmente fijaremos el tema de este examen. Muchos pueden ser los temas: cuidar la presencia de Dios, la puntualidad desde la hora de levantarnos, tener paciencia con nosotros mismos y con los que convivimos, suprimir la murmuración, evitar la brusquedad, ser más agradecidos, más ordenados, o aumentar el trato con nuestro Ángel Custodio. Un examen particular
que dejará una profunda huella, si luchamos, puede ser el amar y vivir mejor la Santa Misa y la Comunión. Debemos pedir luces al Señor para conocer en lo qué Él quiere que luchemos: Domine, ut videam! (Marcos 10, 48), ¡Señor, que vea! Le decimos como el ciego de Jericó. Y pedir ayuda en la dirección espiritual.
III. No nos debe extrañar si alcanzar con nuestra lucha el objetivo propuesto en el examen particular nos lleva tiempo. Lo normal es que se trate de un
defecto arraigado, y que sea necesaria una lucha paciente, recomenzando una y otra vez sin desánimos, con humildad, fortaleza y constancia. La fidelidad
llena de fortaleza en los momentos difíciles se forja cada día en lo que parece pequeño. A Nuestra Señora, Virgo fidelis, le pedimos que nos ayude a ser
fieles, luchando cada día por quitar los obstáculos, bien concretos, que nos separan de su Hijo.
Fuente: Colección "Hablar con Dios" por Francisco Fernández Carvajal, Ediciones Palabra.
Resumido por Tere Correa de Valdés Chabre
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