Jueves de la II semana de Pascua
El que cree posee

Evangelio: Jn 3, 31-36

El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. De lo que ha visto y ha oído da testimonio, y nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica la veracidad de Dios. El que Dios envió habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida. El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano. El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él.

Meditación:

Los versículos del evangelio de hoy son una continuación o un paralelo del discurso de Juan 3, 16-21, pero están en relación con el episodio anterior, en el que se recoge un nuevo testimonio del Bautista. Jesús no es simplemente el Mesías, sino el portador de la vida celeste. Todo el que recibe el testimonio de Cristo certifica la veracidad de Dios.

Jesús está situado en la esfera celestial, viene de arriba, del cielo. Y da testimonio de lo que ha visto y oído. Él conoce lo que está transmitiendo con su predicación, ya que es el testigo inmediato del Padre. Ante Jesús caben dos posturas: rechazar su testimonio o aceptarlo, certificando la veracidad de Dios. El que cree, pone un sello sobre la verdad, sobre la fidelidad de Dios; el designio de Dios desemboca de este modo en su realización plena.

El creyente que se adhiere a la palabra del Hijo, oye las palabras mismas de Dios; es a Dios al que escucha. La persona de Jesús ocupa el lugar de la Ley por la que Dios revelaba a Israel su proyecto de vida. La voluntad de Dios es que se escuche a su Hijo único. Se trata de creer en Él. Creer en el Hijo significa la vida eterna. Si Jesús es de arriba, el creyente ha renacido de arriba; si el Enviado da el Espíritu sin medida es para que el creyente nazca del Espíritu y tenga parte en lo que Jesús conoce; si el Padre ama al Hijo, el amor de Dios tiene por objeto el mundo; y si el Hijo es enviado por el Padre al mundo, es para que el creyente pueda acoger la palabra divina.

Oración:

Escribió san Bernardo de Claraval: "El leer me fastidia si no leo allí el nombre de Jesús. El hablar me disgusta si no se habla allí de Jesús. Jesús es miel en la boca, melodía en el oído, júbilo en el corazón".

Propósito:

Adoptaré una actitud obediente y evitaré las quejas y las críticas.

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