Apariciones de Jesús a sus discípulos
Apariciones de Jesús a sus discípulos
Fuente: Catholic.net
Autor: José Fernández de Mesa
Marcos 16, 9-15
Jesús resucitó en la madrugada, el primer día de la semana, y se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a comunicar la noticia a los que habían vivido con él, que estaban tristes y llorosos. Ellos, al oír que vivía y que había sido visto por ella, no creyeron. Después de esto, se apareció, bajo otra figura, a dos de ellos cuando iban de camino a una aldea. Ellos volvieron a comunicárselo a los demás; pero tampoco creyeron a éstos. Por último, estando a la mesa los once discípulos, se les apareció y les echó en cara su incredulidad y su dureza de corazón, por no haber creído a quienes le habían visto resucitado. Y les dijo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación».
Reflexión
Tomás ha quedado en la historia, gracias al evangelio de san Juan, como el prototipo del apóstol incrédulo. Sin embargo, ¿no fueron todos los discípulos los que dudaron de la resurrección de Jesús? Cristo quiere probar su fe, y por eso les envía antes a los mensajeros.
Primero llega María Magdalena. «¿Se le habrá metido otro demonio?», pensarían los once. Horas después aparecen dos discípulos que esa misma mañana habían huido despavoridos de Jerusalén. «¿Serán espías de los sumos sacerdotes? Después de lo de Judas, uno no se puede fiar de nadie». Y es que ya lo decía Jesús a los fariseos: «Resucitarán muertos, y aún así no creeréis?»
Finalmente, como nos narra san Marcos, Jesús decide aparecerse personalmente a ellos, y les regaña, porque son precisamente los que tienen que ir por todo el mundo predicando la redención y despertando la fe en toda la humanidad: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación». Si ellos mismos no creen en el testimonio de los demás, ¿cómo esperan que el resto de los hombres hagan caso de su palabra? Pero precisamente porque Jesús está presente en el mundo a través de la Iglesia, y de sus ministros, hoy podemos recibir el anuncio de la Buena Nueva.
Este evangelio nos muestra que la fe es un don de Dios, y no un fruto del esfuerzo humano de autosugestión o de convicción. Por lo tanto, pidamos a Dios en estos días que nos conceda este don: que creamos.


