Santoral 12 de Abril

344. Santa Gemma Galgani, San Julio, San Zenón, San Sabas y Santa Teresa de los
Andes

Santa Gemma Galgani (1878-1903)

Gemma de Galgani nació el 12 de marzo 1878, en Camigliano (Italia).

Habiendo quedado huérfana a los ocho años de edad, Gemma pidió a la Santísima
Virgen que reemplazara a su madre, y la Virgen María aceptó su petición,
ayudándola y consolándola toda su vida.

Sufrió siempre de fuertes enfermedades que la hacían sufrir mucho y su mala
salud impidió que pudiera ingresar a un convento, como ella deseaba. Tenía una
muy grande devoción a la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, y desde 1899, tuvo
impresas en su cuerpo las cinco heridas de Jesús Crucificado, que ella ocultaba
cuidadosamente. Desde entonces, cada semana, desde el jueves a las 8 de la
noche hasta el viernes a las tres de la tarde, aparecían por toda su piel las
heridas de los latigazos y de la corona de espinas, y sentía en el hombro el
peso de una gran cruz que la hacía encorvarse dolorosamente.

Sufrió al final de su vida grandes tentaciones de blasfemias, seguidas de una
gran paz y gozo interiores. Cuando apenas tenía 25 años de edad, esta sencilla
mujer seglar murió santamente. Santa Gemma es patrona de los que sufren graves
enfermedades o tentaciones.

San Julio, Papa (siglo IV)

Nacido en Roma, fue papa desde el 337 hasta el 352.

El mérito principal de Julio I es haber defendido el Misterio de la Santísima
Trinidad contra quienes intentaban hacer del Evangelio un monoteísmo a medias,
racionalista y aceptable para todos. Tuvieron que pasar una docena de
concilios para que en el de Constantinopla (381) todas las Iglesias cristianas
condenasen unánimemente el arrianismo y sus sucedáneos.

Julio I también rehabilitó al gran doctor san Atanasio, a quien los arrianos
habían expulsado varias veces de su sede de Alejandría. Además, renovó su
adhesión al texto puro y simple del Credo de Nicea, y proclamó la supremacía de
Roma.

El mismo Julio en el pasado escribió a los obispos de oriente las siguientes
palabras: «Cuando surjan cuestiones, según la costumbre, en primer lugar hay
que escribir a nosotros para que, con justicia, resolvamos el problema». Estas
continuas posturas se hicieron necesarias en consideración de los reiterados
intentos de ingerencia por parte del poder imperial, en cuestiones a menudo
estrictamente religiosas.

A este papa se debe la fundación de los archivos de la S. Sede. Además dispuso
que también la Iglesia de oriente celebrase la Navidad el 25 de diciembre, y no
el 6 de enero como se hacía hasta entonces. Su cuerpo yace en la iglesia romana
de S. María en Trastevere.

San Zenón de Verona (+380)

Se le conoce por el centenar de sermones que se le atribuyen. Fue obispo de
Verona en el 363 y, al parecer, murió en el 380. La primera de estas fechas
coincide con el restablecimiento del clero pagano y la prohibición del
proselitismo cristiano por parte de Juliano el Apóstata. La segunda, en
cambio, marca el inicio del cristianismo como religión del Estado con el
imperio de Teodosio. El obispo Zenón vivía de acuerdo con el espíritu
apostólico. Se le representa con un pescado en la mano en recuerdo de que, no
queriendo ser una carga para nadie, iba él mismo a pescar al Adigio para
proveerse de alimento.

San Sabas el godo (+372)

En las tierras del norte del Danubio, probablemente la actual Rumania tuvo
lugar el martirio de Sabas, lector de la iglesia. No debía ser considerado
como una lumbrera pues nos dicen que "no era elocuente en las palabras", pero
su elocuencia para incitar a todos a vivir bien residía mucho más en su ejemplo
que en la voz.

En el curso de una persecución fue prendido y soltado al poco tiempo. Prendido
por segunda vez, "le llevaron desnudo por lugares ásperos y espinosos, dándole
muchos palos y azotes", y su actitud, que era de mansedumbre y alegría,
exasperó a sus verdugos, que le torturaron hasta casi dejarle por muerto. Una
piadosa mujer le desató de noche y lo llevó a su casa, pero volvió a caer en
manos de sus perseguidores. Entonces se le exigió que comiese manjares
sacrificados a los ídolos, y al negarse Sabas, lo ataron a un tronco y lo
arro-jaron al el río Buzau, donde murió ahogado.

Santa Teresa de los Andes (1900-1920)

Nació el 13 de julio de 1900 en Santiago de Chile, hija de una familia
acomodada, que pronto sufrió descalabros económicos, la vida de Juanita
Fernández Solar fue la de una muchacha sana, cariñosa, deportista y
desenvuelta, dotada generosamente por la naturaleza y por la gracia. Tuvo seis
hermanos y siempre amigas y amigos. Su caridad para con el prójimo se
manifestó desde niña en la ayuda que daba a niños, ancianos y necesitados, así
como al personal del servicio doméstico de su familia o de las fincas de
familiares y amistades, donde pasaba sus temporadas de vacaciones.

A los quince años de edad es Jesucristo quien la llama y se empieza a preparar,
comulgando diariamente e intensificando su vida de piedad. Al año de casarse su
hermana mayor recibe la contestación afirmativa a su solicitud para ingresar al
Monasterio carmelita de Los Andes.

Ahora su apostolado lo realiza por la oración y por su santificación personal a
favor del prójimo, en especial por los sacerdotes y los pecadores del mundo
entero. También escribe cartas a todos, amigos y familiares. En ellas
demuestra la calidad de su espíritu y los muchos dones que recibió de Dios. En
un escrito de ella se encuentra este pensamiento: "La verdadera carmelita,
según entiendo, no vive: Dios es el que vive en ella. Eso es lo que trato de
realizar, contemplar incesantemente al Ser divino, perdiendo mi nada criminal
en su océano de caridad. Esto es lo que quiere de mí Jesús: renuncia y muerte
de mi ser para que Él viva en mí."

En marzo de 1920 aseguró que le había sido revelado por Dios en la oración que
moriría pronto. Y en efecto, un mes después cayó gravemente enferma de tifo.
Murió en tiempo pascual, un mes y medio después de haberlo anunciado. Había
hecho antes la profesión religiosa en el lecho de muerte, logrando en tan breve
tiempo la consumación de su vida y su perfección.

* Pidamos hoy a Santa Gemma una gran devoción a la Pasión de Nuestro Señor
Jesucristo que nos inspire a ofrecer nuestros sufrimientos por la salvación de
las almas y la conversión de los pecadores.

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