Santoral 11 de Abril
343. San Estanislao, obispo y mártir
(1030-1079)
Hay hombres que representan a una nación, porque han sabido asimilar su
espíritu y lo han encarnado en su vida de cada día. Si de alguien se pudiera
afirmar esto, no hay duda de que de San Estanislao habría que decir que supo
conocer, y, sobre todo, vivir el temperamento y las virtudes que encarnaba su
pueblo: Polonia, y que, por vivirlas y transmitirlas a los suyos, murió
mártir.
Sus padres llevaban casados treinta años sin tener hijos, cuando les llegó esta
maravilla de criatura. Nació en Szczepanow, cerca de Cracovia el 26 de julio
de l030. Sus padres gozaban de muy buena reputación por su honradez y vida
cristiana, le educaron en las virtudes cristianas y humanas. En ellas se le
veía progresar a Estanislao de día en día. Terminados sus estudios en su
pueblo, fue enviado a ampliarlos a Cracovia y a París donde consiguió
graduarse.
Así lo describe uno de los mejores historiadores polacos: "Era de carácter
dulce y humilde, pacífico y púdico; era muy cuidadoso de reprimir sus propias
faltas antes de hacerlo con sus prójimos; era un alma que jamás mostró soberbia
ni se dejó llevar por la ira; era muy atento, de naturaleza afable y humano, de
gran ingenio y sabiduría y dispuesto siempre a ayudar a quien necesitaba ayuda.
Odiaba la adulación e hipocresía, mostrándose siempre sencillo y de corazón
abierto."
Su inclinación hacia la piedad le llevó a abrazar el sacerdocio. Pronto fue el
sucesor del mismo Obispo de Cracovia, Lamberto, que fue quien le ordenó
sacerdote unos años antes. El 2 de julio de l071 era elevado a la sede de
Cracovia y, aunque solamente la gobernó por espacio de ocho años, dejó huellas
indelebles en ella y en toda la nación polaca, como ningún otro prelado antes
ni después de él había hecho. Supo indentificarse con los valores espirituales
de Polonia y por ellos no dudó hasta derramar su sangre.
Pronto se dió cuenta el santo y valiente prelado que el rey Boleslao, que
gobernaba la nación, era un hombre valiente y listo, pero que estas mismas
cualidades se le habían subido a la cabeza y creía que era el dueño absoluto de
los bienes y de las personas de toda la nación y podía hacer a su antojo cuanto
se le apetecía. Pero le salió al paso el valiente Estanislao, y, con entereza
evangélica, se opuso tenazmente a sus injustas pretensiones.
No fue empresa fácil la que le tocó al santo Obispo. El rey era colérico y
soberbio. Se creía el dueño y señor de todo. Cometía injusticias de todo tipo
contra los pobres polacos. Con el gran don de fortaleza que llenaba su
espíritu, con gran tacto, con bondad y a la vez con fortaleza actuó. Se
presentó ante el rey y le rogó que cambiase de postura, que no abusara de su
poder... El rey montó en cólera. No quiso escucharle, lo tuvo como enemigo...
y juró acabar con él.... Mientras celebraba la Eucaristía, el rey entró
brutalmente en la Iglesia y lo asesinó él personalmente.
El Señor vino a confirmar cuán grato le había sido la vida y el martirio de su
fiel servidor, ya que sus reliquias obraron muchos milagros como ya los había
obrado mientras vivía. El año 1253 era elevado al honor de los altares.
* El día de hoy procura no faltar a la verdad ni en la más mínima instancia.
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