?HUMILLAR, MURMURAR Y ?
En la entrada de un nuevo año todos nos deseamos paz y felicidad; pero. ni la una ni la otra se nos dará gratis. Hay que luchar duro, para merecerlas. Sin embargo, existen medios elementales y sencillos, aunque no fíciles para conseguirlas. Generalmente, la solución de todo problema humano esta prevista en un pequeño librito, que pocos leen.
Humillar, ofender, avergonzar, se consigue fácilmente. Cualquier conducta que desprestigie, avergüence denigre o maltrate a nuestros pros tales como: brusquedades, groserías, prepotencias, faltas de delicadeza, mal humor, desprecios, no escuchar o no dejar hablar y, en general, todo aquello que pueda herir la justa estima de quien nos escucha es suficiente para acarrearnos la enemiga mortal y, a veces para siempre, del afectado. ?Mal negocio! Bastan unas leves murmuraciones, una respuesta brusca o falta de delicadeza en el trato para que surjan ?enfrentamientos personales, p鲤ida de amigos, ambiente sdo en el trabajo,?.
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Par魯nos, por ejemplo, en ?las murmuraciones, causas de tantas desavenencias. ?Comprobaremos lo ?graves que resultan en los terrenos religiosos y polcos, donde sus efectos pueden producir serios dasociales de enorme amplitud.
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Los jefes, y sobre todo los amigos, no deberos consentir ni?rejam᳠la murmuracique deberser castigada severamente y con rapidez. Muchas veces, es suficiente la presencia de un solo hombre o mujer ?decente? para cambiar un ambiente bajuno. A la larga, la murmuracis un negocio donde todo son p鲤idas.
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En el campo del catolicismo la murmuracilos chismes, la maledicencia, la calumnia,? estᮠbien definidas, se las considera siempre de m᳠o menos gravedad, seg?s casos, pero todo el mundo sabe, o debersaber, a que atenerse. El Catecismo de la Iglesia Cata no deja dudas al respecto, y los confesores no deber ser transigentes con los aparentes casos leves, que por su continua repeticiabren la puerta a m᳠graves situaciones. Supuesto que se confiesen de esos ?casos leves?.
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En el terreno de la polca, los polcos saben los daque causan las murmuraciones y calumnias; sin embargo, los utilizan descaradamente, juntas con las mentiras, ?como? armas de combate contra los rivales polcos. Aprovechando los medios de comunicacifines se puede incidir en el voto de los ciudadanos y modificar asl rumbo de cualquier polca. Se juega en estos casos con la vida y el porvenir de millones de personas. Los polcos carentes de toda moral, los seguidores de la Nueva Era, del Relativismo Moral y de cualquiera de las sociedades secretas o sectas conocidas como perjudiciales no deber ser votados ?jam᳡. Son como el caballo de Atila, por donde pasan no crece la hierba. No es difl detectarlos: ?Por sus hechos los conocer驳? Un buen polco ha sido primero un buen hombre, lo que antes se llamaba un hombre cabal, un hombre en el que se puede confiar. Si lleva estas virtudes a la polca serᠵn buen polco; si no, se quedarᠣomo otros muchos en polcos de rastrojera, cuando no terminan en simples alima
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La murmuraciomo la conducta antisocial, la antes llamada mala educacies una? roue ensucia y entorpece el engranaje social, resta fuerzas, quita la paz, y hace perder la amistad entre las personas.? Es difl de eliminar; pero, como a la malas hierbas, podemos reducirla a dimensiones soportables. El sucio ambiente de la murmuracie transforma radicalmente cuando nos acostumbramos a hablar de forma cordial de todo y de todos. Todos tenemos algo bueno.? Si no fuera posible hablar bien, call魯nos, aso tendremos que arrepentirnos.
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Hagamos una prueba durante una semana: Empecemos a hablar bien de todos nuestros conocidos,? con naturalidad, sin ?coba? ? la falta de sinceridad se nota rᰩdamente-, sonriamos levemente con agrado, pocas palabras, consideremos como hermanos a los que nos rodean ? en realidad lo son-. Hagamos un esfuerzo por comprenderlos y quererlos. Algo asomo lo que hacla hermana Teresa de Calcuta o como lo hacen las madres con sus nipeque ? Qu頥s difl ? Naturalmente, y mucho m᳠de lo que nos imaginamos. Hablar bien de lo bueno que tengan nuestros amigos es algo que a algunos les? cuesta muchmo trabajo. Si a ellos los elevamos, podemos pensar que ?nosotros bajamos. Sin olvidar que para hacer el bien hay que entrenarse diariamente, no menos que para meter goles.? El principio fco de ?Toda acciiene una reaccigual y contraria? , tambi鮠se da en las relaciones humanas: Sonry te sonreirᮻ ama y te amarᮬ da y te darᮻ gruy te grun;?
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Tras una charla en Buenos Aires una se pregunta a San JosemarEscrivẠPadre ?qu頱uiere dejarnos en el coraz todos sus hijos americanos? ?Que sembr驳 la paz y alegrpor todos lados; que no digᩳ ninguna palabra molesta para nadie; que sepᩳ ir del brazo de los que no piensan como vosotros. Que no os maltrat驳 jam? que seᩳ hermanos de todas las criaturas, sembradores de paz y alegr??
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Bastarser un poco inteligente para comprobar que, en estos casos, ??conviene? cambiar seriamente y de verdad nuestra actitud para con los que nos rodean. Si se nos ocurriese utilizar la ?coba?? nos pasaros de listos y caeros en un repugnante fariseo. La ? arma vᬩda es la del amor, la que nos records?Amar al pro como a sismo?. Aun no se ha inventado nada mejor. Hablar ?mal de alguien es como escupir al cielo, antes o despu鳠la saliva nos caerᠥn la cara. No hablar mal, no es suficiente. Las personas queremos, necesitamos ser amados, estimados y que alguien hable bien de nosotros y reconozca lo poco o mucho bueno que tenemos. Deseamos ser alguien , no algo. ?Como juzgues ser᳠juzgado? Dijo Jes?P>
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Reconozcamos con sinceridad y ?dig᭯selos?: lo guapa que est᠍ar lo buen trabajador que es nuestro amigo Juan, lo elegante que va y lo bien que guisa nuestra mujer o madre, lo bien que juega al f? nuestro hijo,?? Podros asegurar que muy pronto subiremos varios puntos sobre el concepto que ten de nosotros. Hasta nos mirarᮠcon un poquito m᳠de cariY todo, por un precio bastante mo.
M鲩da( Espa 2007-01-07
Alejo Fernᮤez P鲥z
Alejo_fp@terra.es
?DNI 8437033N
Cervantes, 14, 1,3?? M鲩da (Badajoz)
tel. 924 311138
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HUMILLAR, MURMURAR Y …
En la entrada de un nuevo año todos nos deseamos paz y felicidad;
pero. ni la una ni la otra se nos darán gratis. Hay que luchar duro
pera merecerlas. Sin embargo, existen medios elementales y sencillos,
aunque no fáciles, para conseguirlas. Generalmente, la solución de
todo problema humano esta prevista en un pequeño librito, que pocos
leen.
Humillar, ofender, avergonzar,…se consigue fácilmente. Cualquier
conducta que desprestigie, avergüence, denigre o maltrate a nuestros
prójimos tales como: brusquedades, groserías, prepotencias, faltas
de delicadeza, mal humor, desprecios, no escuchar o no dejar hablar
y, en general, todo aquello que pueda herir la justa estima de quien
nos escucha es suficiente para acarrearnos la enemiga mortal y, a
veces para siempre, del afectado. ¡Mal negocio! Bastan unas leves
murmuraciones, una respuesta brusca o falta de delicadeza en el trato
para que surjan enfrentamientos personales, pérdida de amigos,
ambiente sórdido en el trabajo,….
Parémonos, por ejemplo, en las murmuraciones, causas de tantas
desavenencias. Comprobaremos lo graves que resultan en los terrenos
religiosos y políticos, donde sus efectos pueden producir serios
daños sociales de enorme amplitud.
Los jefes, y sobre todo los amigos, no deberíamos consentir ni reír
jamás la murmuración, que debería ser castigada severamente y con
rapidez. Muchas veces, es suficiente la presencia de un solo hombre o
mujer “decente” para cambiar un ambiente bajuno. A la larga, la
murmuración es un negocio donde todo son pérdidas.
En el campo del catolicismo la murmuración, los chismes, la
maledicencia, la calumnia,… están bien definidas, se las considera
siempre de más o menos gravedad, según los casos, pero todo el mundo
sabe, o debería saber, a que atenerse. El Catecismo de la Iglesia
Católica no deja dudas al respecto, y los confesores no deberían ser
transigentes con los aparentes casos leves, que por su continua
repetición, abren la puerta a más graves situaciones. Supuesto que
se confiesen de esos “casos leves”.
En el terreno de la política, los políticos saben los daños que
causan las murmuraciones y calumnias; sin embargo, los utilizan
descaradamente, juntas con las mentiras, como armas de combate
contra los rivales políticos. Aprovechando los medios de
comunicación afines se puede incidir en el voto de los ciudadanos y
modificar así el rumbo de cualquier política. Se juega en estos
casos con la vida y el porvenir de millones de personas. Los
políticos carentes de toda moral, los seguidores de la Nueva Era, del
Relativismo Moral y de cualquiera de las sociedades secretas o sectas
conocidas como perjudiciales no deberían ser votados ¡jamás!. Son
como el caballo de Atila, por donde pasan no crece la hierba. No es
difícil detectarlos: “Por sus hechos los conoceréis” Un buen
político ha sido primero un buen hombre, lo que antes se llamaba un
hombre cabal, un hombre en el que se puede confiar. Si lleva estas
virtudes a la política será un buen político; si no, se quedará
como otros muchos en políticos de rastrojera, cuando no terminan en
simples alimañas.
La murmuración como la conducta antisocial, la antes llamada mala
educación, es una roña que ensucia y entorpece el engranaje social,
resta fuerzas, quita la paz, y hace perder la amistad entre las
personas. Es difícil de eliminar; pero, como a la malas hierbas,
podemos reducirla a dimensiones soportables. El sucio ambiente de la
murmuración se transforma radicalmente cuando nos acostumbramos a
hablar de forma cordial de todo y de todos. Todos tenemos algo
bueno. Si no fuera posible hablar bien, callémonos, así no
tendremos que arrepentirnos.
Hagamos una prueba durante una semana: Empecemos a hablar bien de
todos nuestros conocidos, con naturalidad, sin “coba” – la
falta de sinceridad se nota rápidamente-, sonriamos levemente con
agrado, pocas palabras, consideremos como hermanos a los que nos
rodean – en realidad lo son-. Hagamos un esfuerzo por comprenderlos
y quererlos. Algo así como lo que hacía la hermana Teresa de Calcuta
o como lo hacen las madres con sus niños pequeños. ¿ Qué es
difícil ? Naturalmente, y mucho más de lo que nos imaginamos. Hablar
bien de lo bueno que tengan nuestros amigos es algo que a algunos
les cuesta muchísimo trabajo. Si a ellos los elevamos, podemos
pensar que nosotros bajamos. Sin olvidar que para hacer el bien hay
que entrenarse diariamente, no menos que para meter goles. El
principio físico de “Toda acción tiene una reacción igual y
contraria” , también se da en las relaciones humanas: Sonríe y te
sonreirán; ama y te amarán, da y te darán; gruñe, y te
gruñirán;…
Tras una charla en Buenos Aires una señora pregunta a San Josemaría
Escrivá: Padre ¿qué quiere dejarnos en el corazón a todos sus
hijos americanos? “Que sembréis la paz y alegría por todos lados;
que no digáis ninguna palabra molesta para nadie; que sepáis ir del
brazo de los que no piensan como vosotros. Que no os maltratéis
jamás; que seáis hermanos de todas las criaturas, sembradores de
paz y alegría,…”
Bastaría ser un poco inteligente para comprobar que, en estos
casos, “conviene” cambiar seriamente y de verdad nuestra actitud
para con los que nos rodean. Si se nos ocurriese utilizar la
“coba” nos pasaríamos de listos y caeríamos en un repugnante
fariseísmo. La única arma válida es la del amor, la que nos
recordó Jesús: “Amar al prójimo como a sí mismo”. Aun no se ha
inventado nada mejor. Hablar mal de alguien es como escupir al
cielo, antes o después la saliva nos caerá en la cara. No hablar
mal, no es suficiente. Las personas queremos, necesitamos ser amados,
estimados y que alguien hable bien de nosotros y reconozca lo poco o
mucho bueno que tenemos. Deseamos ser alguien , no algo. “Como
juzgues serás juzgado” Dijo Jesús
Reconozcamos con sinceridad y “digámoselos”: lo guapa que está
María, lo buen trabajador que es nuestro amigo Juan, lo elegante que
va y lo bien que guisa nuestra mujer o madre, lo bien que juega al
fútbol nuestro hijo,… Podríamos asegurar que muy pronto subiremos
varios puntos sobre el concepto que tenían de nosotros. Hasta nos
mirarán con un poquito más de cariño. Y todo, por un precio
bastante módico.
Mérida( España), 2007-01-07
Alejo Fernández Pérez