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Blog de Metitaciones del gato en el tejado

Si los hombres supieran que Dios 'sufre' con nosotros y mucho más que nosotros de todo el mal que asola la tierra, sin duda muchas cosas cambiarían, y muchas almas serían liberadas (J. Maritain)

Categoría: Artículos en medios de comunicación

22 Abril 2006

Bautizo del Embajador de Taiwán

En los últimos añoes he tenido noticias por testigos directos de que en en Granada he tenido noticas de bautizos de varios japoneses y en Jaén de personas de religión oriental. Puedes hacer comentarios, me limito a poner el enlace de esta noticia de 20 de abril de 2006 ANSA, recogita aquí

Bautizo del Embajador de Taiwán
El embajador de Taiwán ante la Santa Sede recibió el lunes de Pascua el bautismo. Impartió el sacramento Mons. Javier Echevarría, en la Iglesia de San Eugenio en Roma, iglesia encomendada a la Prelatura del Opus Dei.

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22 Abril 2006

Annuntio vobis gaudium magnum; habemus Papam: El 19 de abril hizo un año de la elección de Benedicto XVI

El 19 de abril hizo un año de la elección de Benedicto XVI.
Al leer la noticia, y estar esta semanilla con mucho trabajo, pues antes de aquí va el enalce este


Annuntio vobis gaudium magnum;
habemus Papam:
Eminentissimun ac Reverendissimum Dominum,
Dominum Josephum
Sanctæ Romanæ Ecclesiæ Cardinalem Ratzinger
qui sibi nomen imposuit Benedictum XVI.

http://www.opusdei.es/art.php?p=15166

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13 Abril 2006

Respondo a Miguel: Colaborar para llenar de enjundia los blog Pues una manera de colaborar es que se me mande material para colocar en este foro yo tros

Respondo a Miguel: Pues una manera de colaborar es que se me mande material para colocar en este foro yo otros
A ver ponemos en marcha uno de medios de comunicación que es
www.lacoctelera.com/telespectadores
mandarme material interesante a este correo eabaco@gmail.com.
Igualmente si alguien lo desea le mando una invitación para correo de gamil, gratis y de 3 gb.

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12 Abril 2006

Artículo: Los obispos contra el relativismo moral

Artículo: Los obispos contra el relativismo moral

www.abc.es
11-04-2006

La Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española ha elaborado una Instrucción Pastoral que ayer se dio a conocer bajo el título de «Teología y secularización en España. A los cuarenta años de la clausura del Concilio Vaticano II». Se trata de un texto de treinta folios, densos y muy meditados, que se destinan a una sociedad «que se siente tentada a apostatar silenciosamente de Dios». Quizás en ese adverbio -silenciosamente- deba explicarse el tono convencido y rotundo de un documento episcopal que, aunque polémico, sólo sorprenderá a quienes han malinterpretado los signos eclesiales posteriores al Concilio Vaticano II, en cuyo nombre se ha producido eso que los prelados denominan «secularización interna», en cuyo origen, consideran los obispos, se encuentra «la pérdida de fe y de su inteligencia, en la que juegan, sin duda, un papel importante algunas propuestas teológicas deficientes, relacionadas con la confesión de fe cristológica». Los obispos apuntan, en consecuencia, a la aparición y extensión, en los circuitos eclesiales internos y en los soportes mediáticos, de unas tesis teológicas y morales que no se atienen a la ortodoxia eclesial, sin la cual, concluyen, se está produciendo una profunda crisis. Los obispos españoles describen cuatro aspectos esenciales de esa crisis que aparta la sociedad de Dios. Apuntan en primer término a «una concepción racionalista de la fe y de la revelación»; después piensan que la crisis se alimenta de un «humanismo imanentista aplicado a Jesucristo», que se completa con una «interpretación meramente sociológica de la Iglesia», y se añade a un «subjetivismo-relativismo secular en la moral católica». El elemento que hace común todos estos factores críticos es, dicen los obispos, «el abandono y el no reconocimiento de lo específicamente cristiano, en especial, el valor definitivo y universal de Cristo en su Revelación, su condición de Hijo de Dios vivo, su presencia real en la Iglesia y su vida ofrecida y prometida como configuradora de la conducta moral».

A partir de este diagnóstico, los obispos españoles desarrollan unas argumentaciones que refutan con solvencia teológica y moral impugnaciones formuladas desde disidencias internas y reiteran los vectores esenciales de la teología católica y de la teoría moral. Respecto ni de una ni de otra se han producido relativismos -seriamente denunciados por el Papa Benedicto XVI- en las formulaciones autorizadas, pero es cierto que se ha ido gestando una cierta ausencia de referencias para acotar algunas versiones sobre el magisterio de la Iglesia, en las que el disenso ha ganado mucho terreno. A esos disensos se refiere la Instrucción de la Conferencia en términos muy concluyentes (párrafos 48 a 51), que hacen referencia directa a asuntos de índole ética muy álgidos en la vida pública española.

La Iglesia no es una institución coyuntural, sino permanente y que trasciende situaciones históricas concretas, incluso las más adversas; la Iglesia es jerárquica y exige una adhesión en la que la razón y la fe son compatibles hasta un cierto grado, aquél en el que interviene una entrega personal a la creencia de Cristo como Dios y la Iglesia, cuarenta años después del Concilio Vaticano II, se desenvuelve en una sociedad de libertades y no impone nada a nadie, aunque pretende convencer e influir, con plena legitimidad, sobre el devenir de las sociedades en las que está presente. Los cristianos, en este contexto, tienen -y la Instrucción Pastoral lo recuerda- el deber moral de no interiorizar como cierta esa afirmación según la cual estaríamos ante un «postcristianismo que se propone vivir como si Dios no existiera». De ahí que los obispos alerten del «relativismo radical» que conduce a una fractura entre la fe y la vida. Los prelados quieren llevar al ánimo de los católicos -y hacer reflexionar a los que no lo son- de la posibilidad natural de compartir vida y fe para proyectarlas como un todo moral sobre la convulsa realidad de nuestros días. Y a esa labor llaman los obispos a los católicos.

Sería incongruente negar el derecho de los prelados a lanzar este mensaje; sería ignorante no reconocerles que son consecuentes con el magisterio de la Iglesia; sería sectario vincular estas reflexiones a integrismos políticos o sociales y sería opresivo que se descalificase -como es habitual, por desgracia- un documento de esta entidad teológica y moral desde una perspectiva política o partidista, porque la que le corresponde se sitúa en una concepción trascendente del hombre que se explica dialécticamente en la razón, pero también en la fe. En definitiva: este documento reclama respeto intelectual y, especialmente en la España de hoy, respeto moral. Y ninguno de los dos son habituales en nuestro país.

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11 Abril 2006

Artículo ¿A dónde vas a ir esta Semana Santa?

Artículo ¿A dónde vas a ir esta Semana Santa?

Fuente: Catholic.net
Autor: P. Sergio A. Córdova

Marcos 14, 1-15, 47

Faltaban dos días para la Pascua y los Azimos. Los sumos sacerdotes y los escribas buscaban cómo prenderle con engaño y matarle. Pues decían: "Durante la fiesta no, no sea que haya alboroto del pueblo." Estando él en Betania, en casa de Simón el leproso, recostado a la mesa, vino una mujer que traía un frasco de alabastro con perfume puro de nardo, de mucho precio; quebró el frasco y lo derramó sobre su cabeza. Había algunos que se decían entre sí indignados: "¿Para qué este despilfarro de perfume? Se podía haber vendido este perfume por más de trescientos denarios y habérselo dado a los pobres." Y refunfuñaban contra ella. Mas Jesús dijo: "Dejadla. ¿Por qué la molestáis? Ha hecho una obra buena en mí. Porque pobres tendréis siempre con vosotros y podréis hacerles bien cuando queráis; pero a mí no me tendréis siempre. Ha hecho lo que ha podido. Se ha anticipado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura. Yo os aseguro: dondequiera que se proclame la Buena Nueva, en el mundo entero, se hablará también de lo que ésta ha hecho para memoria suya." Entonces, Judas Iscariote, uno de los Doce, se fue donde los sumos sacerdotes para entregárselo. Al oírlo ellos, se alegraron y prometieron darle dinero. Y él andaba buscando cómo le entregaría en momento oportuno. El primer día de los Azimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dicen sus discípulos: "¿Dónde quieres que vayamos a hacer los preparativos para que comas el cordero de Pascua?" Entonces, envía a dos de sus discípulos y les dice: "Id a la ciudad; os saldrá al encuentro un hombre llevando un cántaro de agua; seguidle y allí donde entre, decid al dueño de la casa: "El Maestro dice: ¿Dónde está mi sala, donde pueda comer la Pascua con mis discípulos?" El os enseñará en el piso superior una sala grande, ya dispuesta y preparada; haced allí los preparativos para nosotros."

Reflexión

Con mucha frecuencia solemos hacer y escuchar esta pregunta: ¿A dónde vas a ir en esta Semana Santa? ¿Ya sabes a dónde?

Durante una de mis “peregrinaciones” romanas, tuve la oportunidad de visitar, hace varios meses, una histórica iglesita ubicada en la Vía Apia llamada “Quo vadis?”. La tradición refiere que fue precisamente este lugar en donde se le apareció Nuestro Señor al apóstol san Pedro cuando, aconsejado por los fieles cristianos, emprendía su huida de Roma para librarse de las manos de Nerón durante la persecución religiosa del año 64 de nuestra era. El escritor polaco Henryk Sienkiewicz inmortalizó esta leyenda en la famosa novela que lleva el mismo nombre: “Quo vadis?”, que quiere decir: “¿A dónde vas, Señor?”. A esta pregunta, Jesús respondió: “Voy a Roma a ser otra vez crucificado”. El apóstol entendió el mensaje y enseguida dio marcha atrás. A escasos tres años de este encuentro, Pedro moría crucificado a los pies de la colina vaticana, en el circo –o estadio– de Calígula y Nerón. Yo creo que también nosotros, en estos momentos, podemos dirigir a Cristo la misma pregunta que entonces le hizo Pedro: “¿A dónde vas, Señor?”.

Hoy, Domingo de Ramos, damos inicio a la Semana Santa. Es la “Semana Mayor” –como la solían llamar antiguamente– porque constituye la más importante y solemne celebración de todo el año litúrgico, pues en ella conmemoramos y revivimos los misterios de nuestra redención, los acontecimientos que nos dieron vida, vida eterna.

Sí. Otra vez va Cristo en estos días a morir en la cruz por nosotros, para salvarnos de nuestros pecados. Pero ahora no muere sólo en Jerusalén o en Roma, como entonces. Hoy en día muere místicamente en todos los rincones del planeta: muere en Irak, en la persona de tantos hombres involucrados en este conflicto armado y en tantas víctimas inocentes de esta guerra. Muere en los países del Medio Oriente, en Sudán, en Nigeria, en Indonesia, en la India y en Pakistán, a causa del terrorismo y los fanatismos religiosos; muere en Chechenia, en Colombia, en Burundi, en el Congo, en Ruanda y en Uganda, por la guerrilla, los odios raciales y la violencia; muere de hambre en tantas partes del Africa; y muere en miles y miles de mujeres de todo el mundo “civilizado” que hacen de su vientre la guillotina de sus propias criaturas indefensas y no queridas.... como Herodes en la matanza de los niños inocentes, con la diferencia de que el cruel tirano no asesinó a tantos.

¿A dónde va Cristo esta Semana Santa? Sí. A morir otra vez en la cruz. Y la causa más profunda de su muerte está en las mismas raíces del corazón humano: en la injusticia y en la soberbia de cada uno de nosotros; en la ambición y la prepotencia de los fuertes; en nuestra sensualidad y egoísmo brutal. En una palabra, en nuestro horrible pecado. ¡Ése es el motivo de por qué Nuestro Señor va a la cruz! Y el “para qué” de su muerte en el Calvario también está aquí. Él, verdadero Dios y verdadero Hombre, es el único capaz de redimirnos de nuestros males y de curar todas nuestras heridas y las llagas más profundas de nuestra alma. ¡Sólo Él podía hacerlo y lo hizo! Quizá si meditamos un poco más en esto podremos comprender algo de lo que significa la Pasión y la muerte de Nuestro Señor Jesucristo.

Hoy es Domingo de Ramos porque celebramos la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Pero entra como un rey humilde, pacífico y manso. No entra con tanques ni con metralletas para conquistar la ciudad. Tampoco entra en un caballo blanco al sonido de las trompetas, como lo hacían antaño los emperadores o los generales romanos después de vencer a los enemigos. No. Jesús entra montado en un burrito, signo de humildad y de mansedumbre. Es aclamado por gente buena y sencilla, y una gran cantidad de sus discípulos son mujeres y niños. Lo proclaman rey no con el estruendo de las armas, sino con los gritos de júbilo. Y no agitan bayonetas o pancartas, sino ramos de olivo y de laurel, signos de la paz. ¡Éste es Jesús, nuestro Rey, el Rey de la paz y del amor verdadero, el que entra hoy triunfante a Jerusalén!

Pero también hoy es Domingo de “Pasión” porque iniciamos esta semana de dolor, que culminará en la Cruz. Por eso en el Evangelio de la Misa de este día se proclama toda la pasión del Señor. Sólo ocurre esto dos días en todo el año: hoy y el Viernes Santo. Pero la muerte de Cristo en el Calvario no es una derrota, sino el triunfo más rotundo y definitivo de Nuestro Señor sobre los poderes del mal, del pecado y de Satanás.

Estos días santos son, pues, para acompañar a Cristo en los sufrimientos de su Pasión y en su camino al Calvario: para unirnos a Él a través de la oración, los sacramentos, la caridad, el apostolado y las obras buenas. ¡Tántas cosas podemos hacer en favor de los demás!, pero tal vez nos falta imaginación o inventiva. O pensar más en los demás y menos en nosotros mismos.

¿A dónde vas a ir esta Semana Santa? ¿a la playa? ¿a la discoteca? No estoy diciendo que esto esté mal necesariamente, pero sí que podría estar mucho mejor. No basta con no pecar y con no hacer mal a nadie. Creo que bastantes de nosotros deberíamos cambiar –un poco al menos– nuestro modo de concebir y de pasar estos días. No son simples días de vacación, aunque no dudo que los tengamos merecidos. Pero aquí estamos hablando de algo mucho más profundo. Cristo va a ir a la cruz esta Semana Santa. Y tú, ¿a dónde?

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